El martes 14 de abril, cuando el negocio de calle Abtao era visitado por un grupo de amigos, desapareció el computador de la propietaria. Pero inmediatamente se dieron cuenta. A los pocos segundos se supo que los cacos formaban una pareja muy arreglada que había visitado -con sumo interés- la galería de arte. Para mala suerte de los amigos de lo ajeno, la conclusión era evidente pues el resto de los visitantes, como decíamos, eran conocidos de la casa. Convencida de haber hecho un crimen perfecto, la pareja caminó tranquilamente por Abtao, bajó enseguida las escaleras hacia Beethoven y continuó hacia la plaza Aníbal Pinto por Almirante Montt. En eso los gritos de la vendedora de la galería hizo a la pareja cambiar el rumbo hacia el plan y tomar un pasaje en dirección a una casa incendiada sin saber que el pasaje no tenía salida y metros atrás los esperaba la leal trabajadora y un furgón de Carabineros que había acudido velozmente ante una llamada de teléfono.
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