Los ascensores y funiculares de Valparaíso valen, simultáneamente, como bien económico (en el sentido que hay muchas personas –entre ellos los turistas- que están dispuestas a pagar por su uso), como bien social (por cuanto parte importante de la vida porteña se realiza en torno a estos bienes) y como bien cultural (que proviene de su condición de reliquia industrial del siglo XIX). Algunos insisten en pensar el patrimonio cultural desde la sola óptica de los negocios, sin prestar mayor atención a sus otras dimensiones, como factor de identidad social o como escenario de interacciones urbanas. Pensamos, en cambio, que si los bienes culturales deben ser resguardados de usos inadecuados o protegidos de su deterioro, este imperativo no se debe tan sólo a que con estas actividades se arriesga perder un bien económico, sino al mismo tiempo un bien que posee un inigualable valor social y cultural.
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