Ese Monstruo del golpismo que sigue vivo en América Latina
compartimos con ustedes información. (30 de Septiembre):
Ese monstruo del golpismo que sigue vivo en América Latina
El reciente intento de golpe militar en Ecuador, que en los momentos que escribo sigue siendo preocupación de la OEA y los gobiernos de América Latina, pone de relieve un hecho insoslayable: el monstruo del golpismo sigue vivo en América Latina.
Una demostración reciente y no la única, fue el golpe militar en Honduras que derrocó al gobierno de Manuel Zelaya el 2008 y que terminó con un gobierno títere digitado por los militares y una nueva elección presidencial que solo recién dos años después está obteniendo algún grado de reconocimiento internacional.
Las sucesivas experiencias de militarismo y golpismo, que se han repetido a lo largo de dos siglos de “vida republicana”, son parte del lado oscuro de la historia latinoamericana, y acaso una de las peores contribuciones a la mala imagen que tiene América Latina en el resto del mundo, como continente en el que siguen flotando en el espacio político el golpismo, el terrorismo de Estado, la tortura y la represión antipopular, como prácticas estatales para sustentar el modelo neoliberal de economía.
En lo que va corrido el siglo XXI y los últimos decenios del siglo xx el golpismo y el militarismo latinoamericano siempre han estado asociados, relacionados y ha sido funcional al modelo neoliberal de economía y desarrollo, tanto para defenderlo como para implantarlo.
En América Latina no perdemos de vista un hecho político fundamental: el golpismo es una de las tantas herramientas políticas e ideológicas dentro del nutrido arsenal de las clases empresariales, propietarias y terratenientes para frenar procesos históricos de cambio social y estructural.
Fueron los casos del Chile de la Unidad Popular en 1973, ha sido el caso de Venezuela y el gobierno de Hugo Chavez, fue el caso de la Honduras de Manuel Zelaya y hoy es el caso del Ecuador de Rafael Correa.
Surge también la pregunta hoy, a la luz de la experienciagolpista hondureña que acabó con el gobierno de Manuel Zelaya, si las instituciones internacionales, la OEA en primer lugar, es el mecanismo multilateral más eficaz para impedir y revertir los escenarios de golpe militar, y si no termina siendo un comodín diplomático para emitir sendas y rimbombantes declaraciones de condena.
La pregunta en todos estos casos no es porqué los militares y los uniformados terminan intentando haciendose cargo del gobierno y del poder, sino cuáles han sido los intereses sociales, económicos y políticos de clase, para los cuales las Fuerzas Armadas han operado históricamente como servidoras, guardianas y vicarias.
Manuel Luis Rodríguez U.
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