la pared del silencio
Es probable que la semana pasada haya sido el momento que las autoridades municipales y políticas de la región han sentido mayor presión pública por las problemáticas de los cerros de mayor atractivo turístico de la ciudad que reclaman la ausencia de una política de ordenamiento básico de su funcionamiento tras la declaratoria de la Unesco de 2004. Los socavones de Almirante Montt, los daños a las cañerías de agua potable, el incendio de Jaiba y Cordero y los talleres de participación ciudadana de los "tricerros" (expresión rebuscada del decano), acapararon noticias destacadas a nivel comunal y regional. En suma, a los ojos de los residentes de estos cerros, la dejación de las autoridades es demasiado evidente y viene desde hace mucho tiempo.
Nadie argumenta que las cosas que los vecinos dicen que están pasando en realidad no están efectivamente pasando o que corresponden a exageraciones folclóricas típicamente porteñas. Ninguna autoridad se molesta en dar explicaciones por estos asuntos. El Alcalde no acepta reiteradas invitaciones a visitar los cerros. Incluso, el Gobernador Provincial deja plantados en tres oportunidades a los vecinos del cerro Concepción. Nadie defiende a las autoridades y, sin embargo, ellas parecen resistir a todas las tempestades.
Algunos creen que su resistencia se debe a que no se dan cuenta claramente de los efectos perniciosos del actual estado de cosas. Otros piensan que el poder de ordenar es poseído por personas que encuentran en el relativo desorden provecho individual y corporativo. En fin, no faltan quienes están convencidos de que el fenómeno de nuestros cerros es un hecho social que no depende de la voluntad política ni de las pataletas ideológicas de los vecinos.
Por ahora sabemos con certitud una cosa: su táctica inmediata consiste en erigir una pared de silencio.

Comentarios
0 comments postedEnviar un comentario nuevo