Lo dijo William Rey
Con ocasión de la segunda conferencia bicentenario organizado por la Universidad de Valparaíso, dedicada en la oportunidad a la declaratoria de la ciudad Sitio UNESCO 2003, William Rey, profesor de la Universidad La República del Uruguay y quien durante el gobierno de Tabaré Vásquez ocupó el cargo equivalente a nuestro Secretario Ejecutivo de Monumentos Nacionales, delineó la evolución histórica del interés público por el patrimonio cultural en Latinoamérica, desde la valoración clásica a las huellas materiales de la identidad hispánica y europea, en general, hasta el atractivo por los pueblos originarios y la cultura popular en el contexto actual de rescate del pluralismo cultural a que están avocadas las democracias latinoamericanas.
El invitado internacional defendió una visión integral del patrimonio cultural que logre equilibrar la conservación de los bienes identitarios con los desafíos de usos contemporáneos, las oportunidades de inversión y empleo que su buen uso pueden generar, junto el uso intensivo por los habitantes en su vida cotidiana. Comentó por ejemplo con preocupación la decisión de las autoridades de la ciudad de Quito (Ecuador) de prohibir el uso de la plaza céntrica en esa ciudad para una feria cuya historia se remonta incluso a antes de la llegada de los conquistadores. En este caso se representa la interrupción de actividades tradicionales en función del resguardo del patrimonio histórico, lo que aparece como una contradicción.
En su última parte expresó sus ideas acerca de la realidad de Valparaíso, en una buena parte recogidos en un reportaje del diario El Mercurio de Valparaíso de ayer. Sostuvo la conveniencia de comprender Valparaíso como un sistema mayor denominado ciudad lo que implica el desafío para las autoridades en el sentido de cuidar no tan sólo las zonas de protección máxima sino, además, los márgenes de éstas que ejercen una enorme relevancia paisajísticamente hablando. Comentó el caso de la ciudad uruguaya de Colonia del Sacramento, riberana de los Ríos Uruguay y La Plata, con una zona histórica también fue declarada sitio UNESCO. El Alcalde estaba promoviendo para su ciudad un enorme proyecto inmobiliario de tipo turístico. Lo interesante en este caso fue que el Alcalde aceptó consultar a la UNESCO sobre la pertinencia de esta iniciativa. Cuento corto: la UNESCO se pronunció en contra y el Alcalde se persuadió dejar a un lado su inciativa pues el riesgo de perder la certificación mundial era muy alto. Pasó con Dresden y con otro sitio del mundo islámico.

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