Nuevo plan de desarrollo ¡ahora!
A pesar de la buena voluntad de sus gestores, los proyectos de reactivación de nuestra ciudad parecen constituir un conjunto de iniciativas o actividades orientadas a finalidades específicas, pero con poca direccionalidad de conjunto; observándose en algunos casos evidentes contradicciones entre éstas. Las contradicciones y vacíos (nudos) observados se pueden explicar, en parte, por la crisis financiera del Municipio local, a estas alturas con déficit crónico. El Municipio aprovecha todas las oportunidades de inversión, aun sacrificando la mirada de mediano y largo plazo. En parte se explica también por la ausencia de la propia clase política y sus partidos en los temas urbanos, situación que es funcional a las estrategias de sobrevivencia del Municipio. A lo anterior sumamos la complicidad de la propia ciudadanía que se queja mucho pero hace poco por enmendar el rumbo de las cosas. La separación entre los grupos patrimonialistas y la población en general era muy grande y Cabildo Patrimonial 2010 ha sido un intento por acortar esta brecha.
Veamos en sus grandes rasgos los nudos.
a) Desde el Gobierno del Presidente Ricardo Lagos Valparaíso es considerada por el Estado como una ciudad de valor cultural extraordinario mencionándose como atributo de la ciudad su paisaje cultural. Se realiza una postulación exitosa en la UNESCO y se reconoce a la ciudad su condición de Sitio Patrimonio de la Humanidad. Sin embargo, a sabiendas que la certificación internacional traería un fuerte incremento en las visitas turísticas en algunos barrios, no se ha tomado medida alguna para controlar o mitigar el fuerte impacto producido por las actividades propias de este mercado globalizado en la vida de sus habitantes. No hablemos del plan director que por años duerme en las oficinas de la Municipalidad, ni de un plan de mitigación del turismo en el cerro Alegre y Concepción, ni de los carnavales culturales.
b) Llama la atención por otra parte que insistiéndose sistemáticamente en la noción de paisaje cultural para hablar del valor de la ciudad, tampoco la participación social ha sido considerada como un capital que la ciudad puede explotar. El desarrollo urbano vinculado al patrimonio ha estado asociado a la inversión privada estrechamente vinculada a la llegada de nuevas elites económicas a la ciudad así como al desarrollo de nuevos emprendimientos ligados al comercio turístico. En el modelo de gestión del patrimonio ha estado excluida la cultura popular (con manifiesta relación con el puerto), como ha expresado con tanta lucidez Pablo Aravena, y, por esa vía, lo que ha venido rotulándose en instrumentos normativos internacionales como patrimonio intangible.
c) En la declaratoria de 2003, la UNESCO aprecia decididamente a Valparaíso en tanto testimonio de una notable infraestructura portuaria vinculada a la mundialización marítima del siglo XIX. Cuesta imaginarse cómo compatibilizar esta declaración de valor, que se supone tiene mérito normativo, con la idea de transformación del borde costero de Valparaíso apoyado por instituciones fiscales y municipales, el que para ser viable debiera insertarse adecuadamente en la estrategia global de desarrollo de la ciudad.
d) Como ha puesto en evidencia el trabajo de Pablo Trivelli (2010), en la zona declarada de valor patrimonial por la UNESCO se ha venido produciendo un paulatino abandono o retiro de la población, no existiendo hasta ahora instrumentos efectivos para revestir esta tendencia. El subsidio de rehabilitación patrimonial no ha cumplido satisfactoriamente esta finalidad y la generalidad de subsidios a la vivienda no son aplicables en la especie por sus propias restricciones normativas. Paradójicamente, desde la declaratoria de 2003, se incrementan los edificios en altura, incompatibles con el paisaje porteño, respecto a los cuales los subsidios sí aplican transformándolos en efectivos competidores del reciclaje.
El cruce de miradas posibles respecto a los bienes patrimoniales, que sólo puede darse en el campo de la política, hace posible una transacción en estado permanente a favor de la durabilidad de los bienes. En nuestra ciudad, la acción ciudadana más política en este sentido (y que probablemente ha contado con más seguidores) es la campaña de “Por el derecho a vista”. Pero, reconozcamos, salvo esta acción general, y acciones específicas de activación de grupos de interés (Ex Cárcel, Mercado Puerto), el patrimonio cultural ha sido un tema de elites de escasa permeabilidad a los actores políticos. Es el momento de colocar el tema patrimonial en el contexto de un nuevo plan de desarrollo de la ciudad de Valparaíso.
Los grupos ciudadanos hemos cometido un error en desvincular el cuidado del patrimonio cultural con la promoción de mejores condiciones de vida para la población que lo soporta. La acción ciudadana se ha circunscrito de esta manera a la defensa de casos en una actitud contestataria, frente a la que la promesa de empleo ligado al turismo cultural aparece como una propuesta más atractiva. La ciudadanía en este sentido debiera apropiarse del valor agregado para una ciudad contar con condiciones urbanísticas armónicas con el paisaje cultural. Las externalidades del uso de cosas viejas para fines contemporáneos implica la máxima racionalización del bien histórico. Capitaliza su valor histórico, capitaliza su uso social.
A nuestro modo de ver, el nuevo diálogo ciudadano debía partir de dos elementos que estimo unen a la mayor parte de los habitantes de nuestra ciudad.
a) Reemplazar la asociación de patrimonio cultural como ruina, la que parece estar a la base del discurso social de la mayor parte de los actores sociales, dando un nuevo impulso a un modelo de buenas prácticas tanto sociales, políticas y económicas, como individuales para mejorar los entornos;
b) Hacer perder centralidad la asociación de patrimonio cultural a lucro, y re-situarlo en la aspiración mayor de promoción de calidad de vida: uso y disfrute del patrimonio cultural.

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