Poto, pipí y caca
Las cosas no dan para más. La ordinariez está llegando hasta los ciudadano más ilustres de Valparaíso. Las palabras soeces son escupidas, como serpientes venenosas, por la boca hasta de los más intruidos. La decadencia de la ciudad, que hasta ahora era visible en los edificios, ahora se observa también a nivel de la lengua. No negemos las evidencias. En el refinado Seminario sobre evaluación de los seis años de la declaratoria, después que el público se deleitaba con la finura linguística de los expositores, el vecino De Rementería dijo que los edificios de altura frente a los miradores emblemáticos de la ciudad era ponerle a la gente un poto enfrente de sus ojos. ¿No podría el caballero haber encontrado una metáfora un poco menos flatulenta? El mal gusto no terminó allí sino que prosiguió al día siguiente en el contexto del seminario sobre participación para la incidencia donde también participó con la maestría que lo caracteriza. Pero esta vez había una agravante: era expositor. Al momento de referirse a la sobrecarga del cerro Concepción y a lo anticuado de las cañerías subterráneas, señaló que las tapas de las alcantarillas bailan al son de la música digestiva de los residentes y visitantes del cerro y que teníamos que prepararnos para una mierda generalizada. Repetimos: ¿no habrá otra metáfora que pueda echar mano el caballero?

Comentarios
4 comments postedEste especímen debiera llamarse De Reporquería.
Yo defiendo a nuestro benemérito vecino y dirigente, es el uso extensivo de la lengua la que nos lleva a relajarla mas allá de lo aconsejable , pero en cualquier caso, si la mierda acompaña a la verdad...es una MIERDA bien dicha..felicitaciones a propósito a los expositores del cerro que nos une y a los otros.
Lo entiendo....que su lenguaje cambie....es que realmente es desesperante encontrarse con bloques, cerrados, donde no se escucha, no se ve y no se propone algo más positivo e interesante.
APORTE
Ayer leía una miscelánea en El MERCURIO que analiza este fenómeno del lenguaje procaz, en especial en la juventud, cada vez más masificado.
Decía la nota:
"La ignorancia no es el único mal que padece una parte considerable de la juventud.Hay otro todavía peor, y, de consecuencias insospechadas: la grosería.Y no me refiero sólo al mal hablar y al uso superlativo del garabato, sino al modo de proceder y de comportarse.
Arrojar papeles al suelo, no respetar el orden en una fila, negar el apso a una persona mayor o de mayor jerarquía (por ejemplo un profesor), llevar la gorra puesta en clases o en una reunión formal, llegar semidesnudo a la iglesia, son sól algunos ejemplos.
Qué fenómeno se esconde en ello?. ¿Es sólo la falta de formación, dejación de las familias o defectos de la educación secundaria? Puede que en parte sí por cierto. Pero me aventuro a pensar que hay razones más profundas, y, temo muchísimo más serias.
LA URBANIDAD SE ACABÓ CUANDO EL OTRO DEJÓ DE IMPORTAR. Lo que yace en la raíz de tanta grosería es UN PROFUNDO EGOÍSMO, UNA PROFUNDA IGNORANCIA Y MINUSVALORACIÓN DEL PRÓJIMO (o hipervaloración del yo). Los jovenes no se dan cuenta, y en ese "no darse cuenta, reflejan su egocentrismo hasta encandilar.
Mucho mejor sería si arrojasen papeles al suelo para molestar, o pasasen a llevar a alguna persona investida en autoridad por rebeldía. En estos casos, al menos el otro subsiste; SIGUE SIENDO, se le reconoce al menos, por vía de contradecirlo.
Pero aquí se acabó la urbanidad, porque, Dios nos libre,SE NOS ESTÁ ACABANDO EL OTRO".
*Buena miscelánea de El MERCURIO, que, nos recuerda que convivimos con otros a quienes debemos respeto y afecto.
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