Tensión de miradas
Ante el patrimonio cultural no existe una única sino muchas miradas acerca de preguntas fundamentales: qué bienes considerar culturalmente valiosos, qué hacer con estos bienes cuando pierden una usabilidad, cuán insertos deben estar en la red urbana mayor donde se localizan, etc. Esta pluralidad tiene que ver con la multiplicidad de saberes involucrados en el tema (derecho, arquitectura, sociología, gestión cultural, etc.), aunque nos interesará ahora la pluralidad que se origina por los actores sociales que se vinculan directa o indirectamente con los bienes patrimoniales. Los grupos sociales proyectan en el patrimonio expectativas e intereses económicos y lazos socio-afectivos. Pensamos que la dinámica social se da y continuará dándose, sino hacemos algo, consistirá en que cada cual hará incesantes esfuerzos –siempre inacabados- por hacer prevalecer los particulares puntos de vista de cada actor, predominando competencia más que la colaboración.
Un esfuerzo interesante por distinguir actores sociales y miradas en Valparaíso la ofrece Maximiliano Soto a propósito de lo que él llama formas de patrimonialización en nuestra ciudad. Sostiene que el discurso público, construido principalmente por autoridades, lleva a una suerte de mistificación del patrimonio cultural alrededor de una promesa de reactivación económica que tiene como ingredientes sociológicos la producción de nuevos espacios de atractivo turístico, que pasan a constituirse en centrales en relación con los lugares no patrimoniales de la periferia. Frente a este discurso y a esta promesa reactivadora se estructura su crítica, proveniente mayoritariamente del actor tradicional, que organiza demandas por una mejor calidad de vida y la defensa a los usos y actividades tradicionales de la ciudad. En este sentido pueden entenderse campañas como la defensa del borde portuario de parte de sindicatos de trabajadores portuarios y Comité de Defensa de Valparaíso, o la de los pescadores artesanales y lancheros por la preservación de las actividades turísticas del Muelle Prat, así como las campañas “Lugar valioso” o “derecho a vista”, de la organización Ciudadanos por Valparaíso, la defensa de los ascensores de Valparaíso propiciado por la Agrupación del mismo nombre y Junta de Vecinos aledañas, o la lucha en favor de la regulación del comercio por parte de la Junta de Vecinos del cerro Concepción.
Llegamos al momento de ordenar las ideas en tres afirmaciones centrales:
Primera: La tensión más poderosa que presenta el complejo patrimonial en Valparaíso se da entre aquellos actores que enfatizan el valor económico del patrimonio cultural y lo localizan a ciertos espacios privilegiados, y aquellos que enfatizan el valor social y cultural asociándolo a la mejor calidad de vida del conjunto de los habitantes de la ciudad.
Segunda: La ciudad puede aprender a funcionar con una pluralidad de visiones que llevará las cosas a hibridaciones que atiendan, simultáneamente, demandas de reactivación económica y de identidad y calidad de vida. La ocurrencia de lógicas de competencia o colaboración dependerá largamente del contexto jurídico y político en que se enmarquen estas acciones.

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